lunes, 3 de junio de 2019

La farsa de la Unión Europea


por Thierry Meyssan
Si los europeos están ciegos es porque no quieren ver. Se aferran a la creencia de que ‎la Unión Europea significa paz y prosperidad, a pesar de los indiscutibles fracasos de ‎ese ente en ambos aspectos. Creen que existe una oposición interna entre “patriotas” y ‎‎“populistas”, cuando en realidad ambos grupos invocan la protección del Pentágono ‎contra Rusia. Y la estrategia de post-Segunda Guerra Mundial sigue adelante ‎precisamente en detrimento de los europeos… sin que estos tengan conciencia ‎de ello.‎
Red Voltaire | Damasco (Siria) | 25 de mayo de 2019 




Después de su victoria común en la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y el Reino Unido ‎adoptaron la imagen de su aliado soviético que les proponía el embajador estadounidense ‎en Moscú, George Kenan. Para Washington y Londres, la URSS era un imperio totalitario que ‎trataba de conquistar el mundo. Así que, en un giro de 180 grados, concibieron la política de ‎‎«contención» (containment) frente a la Unión Soviética, afirmando que el mundo estaba ‎dividido en tres partes: el «mundo libre», el mundo ya dominado por los soviéticos y el mundo ‎por descolonizar, al cual había que proteger del ogro soviético. ‎

Inicialmente, aquel análisis pudo parecer correcto en la medida en que Stalin seguía deportando ‎pueblos enteros. Pero, después de su muerte, ya se hizo evidente que aquello era falso. El Che ‎Guevara, entonces ministro de Economía de Cuba, escribió un libro contra el modelo soviético y ‎trató de continuar la revolución en África, sin pedir permiso a la URSS, pero contando con su ‎apoyo. ‎
En todo caso, Estados Unidos y el Reino Unido decidieron proteger Europa occidental del yugo ‎soviético mediante la creación de los «Estados Unidos de Europa». Aunque eso recuerda ‎el proyecto de los europeos de principios del siglo XX, que quisieron unirse en vez de guerrear ‎entre sí, en realidad se trata de algo muy diferente, algo que debemos comparar más bien con ‎la Liga Árabe‎ y con la Organización de Estados Americanos (OEA), instauradas ambas en el mismo ‎momento. ‎

Fueron pocas las personalidades de Europa occidental que se opusieron al proyecto para Europa. ‎ Sin embargo, teniendo en cuenta las enseñanzas de la repartición del mundo que se había ‎pactado en Yalta, los gaullistas y los comunistas franceses mantuvieron la alianza que habían ‎establecido durante la Segunda Guerra Mundial y velaron por impedir la creación de una ‎estructura supranacional, de manera que cada nación siguiese siendo más o menos soberana, ‎a pesar de hallarse bajo las banderas de Estados Unidos y del Reino Unido. Fue con ese objetivo ‎que los gaullistas y los comunistas franceses se opusieron juntos al Mando Integrado de ‎la OTAN y a la manera como los anglosajones reformulaban la «construcción europea». ‎Los gaullistas y los comunistas franceses estimaban que Europa era todo el continente, ‎‎ «desde Brest hasta Vladivostok». En efecto, al implementar su particular sistema jurídico, ‎los ingleses se habían alejado de la cultura europea mientras que los rusos la extendieron con ‎la conquista de Siberia. ‎

Todos esos debates deberían haber terminado con la disolución de la URSS, en 1991. Pero no fue ‎así. Más bien sucedió lo contrario. Por boca de su secretario de Estado, James Baker, ‎Estados Unidos anunció que todos los Estados europeos liberados del yugo soviético ‎se integrarían a la Unión Europea y a la OTAN… afirmación que todo el mundo aceptó. ‎Simultáneamente, el propio James Baker hizo redactar el Tratado de Maastricht, documento que ‎transformaba el Viejo Continente en una especie de «Estados Unidos de Europa» bajo la tutela ‎de la OTAN. La moneda única de ese bloque supranacional, el euro, tenía que imprimirse ‎siguiendo el modelo del dólar, lo cual sucedió tan rápidamente que no podía ser cierto.  

Desconfiando de Rusia –como siempre–, Washington y Londres impidieron que se le permitiese ‎convertirse en miembro de la Unión Europea pero la asociaron en cierta medida al abrirle la ‎puerta del G7, que se convirtió así en G8, a partir de entonces con poderes de decisión. ‎

Esa etapa de incertidumbre terminó en 1999, con la caída de Boris Yeltsin y la llegada al poder de ‎Vladimir Putin en Moscú. Las instituciones bajo control de Washington adoptaron una actitud ‎más dura, se reactivó la estrategia de containment –que había fracasado durante la guerra fría– ‎y el oso ruso sustituyó al oso soviético en la imaginación de los anglosajones. Hoy, con diversos ‎pretextos o incluso sin pretexto alguno, Washington ha instaurado contra Moscú todo tipo de ‎sanciones económicas, políticas y militares y Rusia ha sido expulsada del G8. ‎

Manfred Weber (a la izquierda en la foto) será electo democráticamente ‎para presidir la Comisión Europea como sucesor de Jean-Claude Juncker (a la derecha). Juncker ‎llegó a la presidencia de la Unión Europea después de haberse visto obligado a dimitir como ‎primer ministro de Luxemburgo, cuando la justicia de su país descubrió que había estado ‎implicado en los ejércitos secretos de la OTAN, como responsable del Gladio.


Para entender el sentido de las elecciones de renovación del Parlamento Europeo, del 23 al 26 de ‎mayo, que designará al nuevo presidente de la Comisión Europea, hay que situarse en el contexto ‎histórico y estratégico. Estados Unidos ha decidido poner la presidencia de la Comisión Europea ‎en manos del alemán Manfred Weber, quien tendrá como misión sabotear el aprovisionamiento ‎de la Unión Europea con hidrocarburos rusos. La primera batalla de Manfred Weber será ‎poner fin a la construcción del gasoducto Nord Stream 2, a pesar de los miles de millones de ‎euros ya invertidos en ese proyecto y de los miles de millones que permitirá ahorrar cuando esté ‎terminado. ‎

Para que el Parlamento Europeo elija democráticamente a Manfred Weber no es necesario que ‎ese personaje cuente con el respaldo de la mayoría de los eurodiputados. Basta con que su grupo ‎parlamentario, el Partido Popular Europeo (PPE), obtenga la mayor cantidad de votos. Así que ‎Washington ha preparado una asamblea donde el PPE estará en primer lugar y el grupo Europa de ‎las Naciones y las Libertades (ENL) quedará en segundo lugar. ‎

Steve Banon, ex consejero del presidente estadounidense Donald Trump, ha sido enviado a ‎Europa para servir de consejero al italiano Matteo Salvini y crear una camada de partidos ‎identitarios –pero no independentistas–, aunque poniendo especial cuidado en evitar que el ENL ‎llegue a obtener la mayoría.

- En aras de lograr ese resultado –a pesar de los esfuerzos de Salvini– fue necesario convencer al ‎partido polaco Derecho y Justicia para que se mantuviera en el grupo de los Conservadores y ‎Reformistas Europeos (CRE), prometiéndole un aumento «significativo» del número de tropas ‎estadounidenses desplegadas en Polonia.

- El 13 de mayo, Donald Trump recibió en la Casa Blanca al primer ministro húngaro Viktor Orban ‎y lo exhortó a mantener su partido en el PPE… a cambio de armamento y de gas natural.

- Además, se “filtró” un video que muestra a Heinz-Christian Strache, jefe del Partido de la ‎Libertad de Austria (FPO) y miembro de la coalición gubernamental austriaca, en pleno acto de ‎corrupción. El video en cuestión es antiguo y su rodaje fue orquestado por una mujer que ha sido presentada como una agente rusa, aunque es mucho más probable que sea agente de la CIA. ‎

A pesar de todo lo que la prensa repite constantemente, no existe oposición de fondo entre el ‎Partido Popular Europeo (PPE) y el grupo Europa de las Naciones y las Libertades (ENL). Ambos ‎grupos se entienden entre sí y lo hacen bajo la batuta de la OTAN, que impone las decisiones ‎políticas fundamentales. Sólo existe una repartición de papeles.‎

La propaganda oficial sobre las elecciones europeas repite sin descanso que «Europa es paz y ‎prosperidad», un slogan incompatible con la misión antirrusa de la Unión Europea.

- Hablemos de paz. La Unión Europea ha sido incapaz de liberar Chipre, isla europea –miembro de ‎la UE desde 2004– ocupada por Turquía desde 1974. El ejército turco ocupa una tercera parte ‎del territorio chipriota, donde ha instaurado una autoridad que colabora con la ocupación turca ‎bajo la denominación de «República Turca del Norte de Chipre». Los chipriotas que viven en la ‎parte de la isla ocupada por Turquía no han podido inscribirse en las listas electorales y ‎no podrán participar en la elección europea [
1]. Pero a la Unión Europea no sólo no le interesa el ‎destino de esos chipriotas sino que además desembolsa miles de millones de euros en ‎subvenciones destinadas a Turquía. Claro, Turquía es miembro de la OTAN.

- Hablemos ahora de prosperidad. Sin entrar a argumentar sobre la cuestión del gasoducto ‎Nord Stream 2, la Unión Europea ha aplicado la estrategia antirrusa de Estados Unidos con ‎tanta eficacia que los países miembros de la UE se han estancado mientras que el resto del ‎mundo se desarrolla. Durante la década posterior a la crisis financiera de 2008, el crecimiento de ‎China fue de +139%, el de la India fue de +96% y Estados Unidos creció en un 34%, mientras que ‎el crecimiento de la Unión Europea retrocedió (-2%). ‎

La campaña electoral europea se desarrolla a la escala de los países miembros ya que el ‎sentimiento de ser europeo sigue siendo inexistente. Así que no hay partidos políticos a escala ‎europea sino uniones creadas entre los partidos políticos de los diferentes países. Tampoco hay ‎una jornada electoral única sino elecciones organizadas durante 4 días en los distintos países, ‎según las tradiciones nacionales de cada uno de ellos. ‎

Si la abstención en las elecciones europeas siempre ha sido tan alta es porque los electores intuyen que todo ese asunto no está nada claro. Más de la mitad de los electores tienen ‎la intención de boicotear la votación –incluso a pesar de que el voto es obligatorio en algunos ‎países.

Por consiguiente, aun en caso de que los procedimientos para la votación fuesen ‎perfectamente democráticos, el resultado no representará la voluntad del cuerpo electoral en su ‎conjunto. No será un resultado democrático. Manfred Weber será electo por una minoría de un ‎parlamento, electo a su vez por una minoría de los electores. ‎


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jueves, 30 de mayo de 2019

El ”coctel de genes” que nos envenena


29 de Mayo de 2019  



María Luisa Ramos Urzagaste
 
Los alimentos, el agua y la energía son factores esenciales para la vida, por tanto, quien los controle tendrá poder en el mundo. Así lo entienden las corporaciones transnacionales, que no cesan en desplegar sus garras y para ello usan todos los medios a su alcance.

La tecnología transgénica es un instrumento eficaz de las transnacionales para mantener bajo dominio importantes sectores de la economía. Estas corporaciones están protegidas por el sistema internacional de patentes y no son responsables por la contaminación ni los daños que ocasionan.

En ese entendido, un país que se pretenda 'soberano' tendrá que evitar que la seguridad alimentaria, la salud y el medio ambiente caigan bajo control de esos intereses mezquinos y ajenos.

El problema surge cuando los gobiernos optan por defender y promover objetivos particulares o de grupos, que van en contra de la ruta del bien común, olvidando que fueron elegidos para proteger a la población en su conjunto, en especial a los más necesitados.

Más que un coctel de genes
Los transgénicos u organismos genéticamente modificados son seres vivos, plantas o animales que han sido manipulados mediante ingeniería genética, a los que se ha introducido varios genes de otras especies.

La soja transgénica, por ejemplo, contiene un gen de otra planta que le otorga resistencia a la sequía, un gen del 'bacillusthuringiensis', para que resista a ciertas plagas, un gen de la bacteria 'streptomycesviridochromogenes' para resistir al herbicida glufosinato de amonio y para generar resistencia al glifosato se le ha introducido un gen de la bacteria 'agrobacteriumtumefaciens'.

Esto es apenas una parte de la historia. Se puede agregar, solo como 'curiosidad', que la tecnología transgénica utiliza por ejemplo partes de adenovirus, retrovirus, que se caracterizan por alta agresividad, que cumplen diferentes funciones en el nuevo organismo, entre ellas el de transportar los genes mencionados líneas arriba.

Por tanto, no se trata de simple semillas, lo correcto es decir que la semilla transgénica es en realidad un paquete tecnológico. Esta tecnología implica además el uso de agroquímicos altamente tóxicos, que mata otras plantas, excepto la transgénica, por ser resistente a esas sustancias.

El colosal 'lobby' de las corporaciones
La difusión de la tecnología transgénica en el mundo se debe a que las corporaciones realizan un intenso 'lobby' en gobiernos, universidades, sindicatos, centros de investigación y organizaciones no gubernamentales y así logran su autorización en cada país, pues así lo exige la normativa internacional.

Compran conciencias, juegan con la ignorancia de funcionarios públicos irresponsables, que desconocen los riesgos y que tampoco se interesan en saberlo y la mayoría de los países no cuenta con normativas adecuadas.

Peor aún, algunas autorizaciones se realizan en base a información que las propias empresas privadas proporcionan y no se evalúa todo el paquete tecnológico, sino que se limitan apenas a observar rendimientos de cultivos transgénicos frente a cultivos convencionales.

El glifosato, factor sustancial para provocar cáncer
En febrero pasado, la empresa argentina Bioseres presentó en dicho país la soja HB4, tolerante a la sequía, al glifosato, y al glufosinato de amonio.

Dicho así suena interesante, si es que no supiésemos que se trata de un coctel de nuevos genes en las semillas, cuyo comportamiento nadie ha podido demostrar que sea estable en el tiempo y, por tanto, inocuos.

Como dicen por ahí, las corporaciones 'juegan a ser Dios' manipulando información genética sin medir consecuencias futuras y sumado a eso, el uso obligado de agroquímicos altamente peligrosos.

Mientras que la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por su sigla en inglés, dependiente de la Organización Mundial de la Salud) ha clasificado el glifosato como "probable carcinogénico para humanos"; la empresa Bayer, que compró a Monsanto, productora del glifosato o Roundup, lo niega rotundamente.

Se cuentan por miles las demandas contra Monsanto-Bayer, por los daños que ha ocasionado el glifosato.

El jardinero Dewayne Johnson, con cáncer terminal, ganó a Monsanto una demanda por 289 millones de dólares. La juez a cargo del juicio afirmó que encontraron que el glifosato sí representó un peligro sustancial y que había pruebas claras de que la empresa había actuado con mala fe.

Un jurado en Estados Unidos determinó que un herbicida basado en glifosato fue "un factor sustancial" en la aparición de cáncer en Edwin Hardeman, un hombre de 70 años de edad, residente en el condado de Sonoma. Por otro lado, un jurado en California determinó que Bayer debe pagar 2.000 millones de dólares a una pareja pues el herbicida Roundup les provocó cáncer.

No solo cáncer, sino espionaje y experimentos nazis
Bayer, que es dueña de Monsanto productora de glifosato, se vio obligada a presentar disculpas porque su filial investigó ilegalmente a dos centenares de políticos, periodistas y científicos franceses para conocer sus posturas con respecto a los transgénicos y el herbicida glifosato.

Pero la historia de Bayer además se ve salpicada por hechos ocurridos durante el Holocausto bajo la dirección del sádico nazi Josef Mengele en el campo de concentración de Auschwitz.

Eva MozesKor, una sobreviviente del Holocausto, acusó hace algunos años al poderoso laboratorio alemán no solo de haber fabricado los productos que terminaron finalmente con la vida de su hermana, sino también de haber pagado a funcionarios del régimen nazi para participar en los terribles experimentos e investigaciones.

Eva MozesKor y su hermana melliza Miriam tenían apenas 9 años cuando Mengele les inyectó una serie de productos químicos supuestamente fabricados por Bayer como parte de los experimentos genéticos que realizó con un total de 1.500 mellizos.

Intereses empresariales: agroquímicos, anticancerígenos y libros
La empresa Bioceres, dueña de la tecnología transgénica llamada HB4, cuenta entre sus accionistas a Gustavo Grobocopatel y Hugo Sigman.

Grobocopatel es presidente del grupo empresarial Los Grobo con eje en la producción y exportación agroindustrial alimentaria en el continente sudamericano. Es el primer productor de trigo en Argentina y el segundo de soja, no por nada ha recibido el mote de 'Rey de la Soja'.

Por cierto, es el propio multimillonario quien se ocupa de relatar las "bondades" del glifosato. El grupo Los Grobo factura más de 1.000 millones de dólares al año.

El empresario Hugo Sigman tiene negocios que abarcan a las industrias farmacéutica, agroforestal, cultural, vacunas y productos biotecnológicos para uso humano y veterinario, tratamientos para el cáncer, editan libros y producen hasta películas.

¿Biodiésel y alimento para ganado?
El negocio transnacional agropecuario ahora convierte alimentos en combustible, lo cual tiene ribetes antiéticos pues con tantas necesidades de alimentos en la región latinoamericana y en el mundo, se destinan millones de hectáreas para producir "alimento para chatarra".

Técnicamente esos cultivos para agrocombustibles —mal llamado biodiésel—, no serían aptos para consumo humano ni animal.

En el caso de la soja transgénica, luego de extraer los aceites para el agrocombustible, se generan varios subproductos como los pellets y la glicerina. El peligro es que esos subproductos podrían ser utilizados como alimentos para rumiantes.

La lecitina, que es otro subproducto de la soja se usa en aplicaciones como bebidas, margarinas, y aderezos, entre otras. Es decir que el riesgo de que esos cocteles de genes y agroquímicos que inicialmente eran 'solo' para biodiesel lleguen a tu mesa, es alto.

Lamentablemente esta historia no es nueva, pues ya hubo casos en que se usó como 'conejillo de indias' a poblaciones vulnerables, alimentándolas con ayuda alimentaria donada, compuesta por transgénicos no aptos para consumo humano.

Dado que el agronegocio conforma encadenamientos productivos, no debe descartarse que con la soja transgénica para biodiésel busquen "matar dos pájaros de un tiro" y producir además alimentos para ganado y así sostener el negocio de exportación de carne.

Mentiras y deslinde de responsabilidades
Hubo un tiempo en que la propaganda transgénica prometía acabar con el hambre en el mundo, pero esa mentira no pudo sostenerse.

Está más que demostrado que los transgénicos exacerban los problemas ambientales, por el alto uso de agroquímicos.

Los monocultivos que además son en gran escala, promueven la deforestación descomunal, que contribuye al cambio climático.

¿Quién asume las consecuencias del uso de los agroquímicos como el glifosato o el glufosinato de amonio en la salud de la población que consume esos productos o está expuesta a las fumigaciones?

La tecnología transgénica y sus métodos actuales no ha demostrado ser segura. No olvidemos que se manipula información genética de bacterias y virus altamente invasivos, que luego van a parar a nuestros organismos.

La lista de riesgos y dudas es interminable. ¿Entonces por qué promover su uso y consumo si no ha demostrado ser una tecnología inocua?

El Estado debe proteger
El 'lobby' del agronegocio es colosal y el ciudadano común se halla indefenso ante tanto poder, y por ello la responsabilidad de los gobernantes de proteger a sus habitantes es mayor cada día.

Es el Estado, el Gobierno quien debe regular y poner freno a los intereses mezquinos e irresponsables cuando tecnologías peligrosas e inciertas ponen en riesgo la salud, el medioambiente y la economía de los ciudadanos.

Un mecanismo importante es el llamado Principio de Precaución adoptado por las Naciones Unidas. Este principio permite a los países adoptar medidas protectoras ante los riesgos y dudas. Eso implica contenerse y no autorizarlos.

¿O será que quienes se encuentran eventualmente en funciones de responsabilidad gubernamental estarán en capacidad de asumir sus responsabilidades a futuro, sobre sus decisiones de hoy?.
 
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