martes, 25 de junio de 2019

#CartasaElla: El cientifismo es la nueva religión, una perversión de la ciencia



21 de junio de 2019

Os presento otro capítulo de Cartas a Ella, el nuevo proyecto con el que estoy. En este caso se trata del principio de una carta más larga dedicada al cientifismo. Como os expliqué en la presentación, estoy haciendo una serie de escritos en formato carta. Narra en primera persona un abuelo, que se dirige a su nieta Ella, que es una jovencita que se abre camino en la vida.

Mi querida Ella:
Desde que el ser humano lo es ha necesitado comprender el mundo, la realidad que le rodea. Para ello surgió la Ciencia. Gracias a la ciencia las personas han podido avanzar y comprender multitud de procesos, de su propio organismo, de la naturaleza y de la vida en general. Ello ha ido acompañado de un desarrollo tecnológico indiscutible y en general, eso ha contribuido a que las personas puedan vivir una vida mejor. La ciencia ha desarrollado métodos que la han convertido en la referencia para el conocimiento del ser humano.


Queremos saber y obtener verdades, es decir, necesitamos comprobar que algo es cierto o que funciona y para ello necesitamos pruebas que lo demuestren.

La ciencia es admirable y admirada. Y es lógico que así sea dado el impresionante progreso que ha supuesto el método científico. La ciencia nos ha colocado en el mundo.

La imagen científica del hombre y del cosmos ha sido revolucionaria y a ella se resisten sólo ignorantes y nostálgicos. Interrogantes que inicialmente eran metafísicos han sido desplazados por la ciencia. ¿A dónde mirar para resolver nuestros problemas sino a ella?

El buen científico y tú mi pequeña, como cualquier persona puedes (y debes) serlo, ha de “dudar de todo”. Esa es o debiera ser la postura del método científico que es la base del conocimiento hoy como te explico. Este nace de la observación, la generación de una hipótesis que intente explicar lo que sucede y su comprobación. Está muy bien como planteamiento abierto al debate razonado y a la fuerza de los hechos. No basta con una teoría aparentemente coherente de lo observable; se necesita el aval empírico.

La Ciencia auténtica se basa en un método insensible a prejuicios por lo que no basta con que alguien descubra algo; lo observado, lo experimentado, ha de ser reproducible, comprobable por otros. Y es desde esos datos como se destruyen, modifican o construyen teorías. Y esa debiera ser la postura de cualquier persona, un moderado escepticismo inicial hasta que suficientes elementos de juicio orienten el planteamiento propio. ¿Que qué es el cientifismo o cientificismo entonces, Ella? La creencia en que la ciencia es la única posibilidad de conocimiento y la única fuente de esperanza.
Quizá el cientifismo más peligroso es el del reduccionismo simplista de todo lo humano. Por ejemplo, el ver en la depresión o en cualquier estado de ánimo sólo un balance de neurotransmisores. Si bien es legítimo tratar de encontrar componentes bioquímicos o alteraciones neurobiológicas subyacentes a un trastorno psíquico, no lo es asumir sin más una causalidad simple no comprobada.

El cientifismo ha calado en muchos ámbitos y el de la salud no es ajeno a estas perversas influencias pues asistimos a una medicalización injustificable de la conducta de las personas y a una esperanza ciega en que se acabarán encontrando los genes responsables o regiones cerebrales afectadas cuando se detecta una posible enfermedad, aunque no exista una base real que lo haga previsible.

En ese cientifismo inocente, casi infantil, yace la negación de la libertad y de la responsabilidad de cada cual. Uno sería como es “por culpa” de sus genes, de las neuronas con que nació o por sus neurotransmisores que están “averiados” y así sería comprensible e incluso predecible, mediante la imagen cerebral funcional o el estudio genético de turno. Pero si bien el comportamiento de una estrella es predecible, el de un ser humano no lo es desde el conocimiento de sus genes y su entorno.



Te preguntarás cuales son las manifestaciones actuales más peligrosas del cientifismo Ella. Yo pienso que el ataque a la libertad.

Si creemos que estamos determinados por nuestros genes, que somos manipulables mediante psicofármacos y que la imagen cerebral da cuenta de lo que nos ocurre y de nuestras creencias, de cómo sentimos o disfrutamos o pensamos o si lo pasamos bien o mal, no somos responsables de nuestros actos.

Y esto no es ciencia ficción, ocurre hoy. Existe una demanda de diagnóstico y tratamiento de situaciones que no son propiamente clínicas, algo facilitado por la proliferación de etiquetas médicas para todo y por la creencia de que cualquier perturbación de nuestro estado de ánimo ha de ser tratable en un contexto de obligación de ser felices.

Pero las personas somos más complejas, somos subjetivas, eso que habrás oído alguna vez de que cada persona es un mundo. Todos somos diferentes. Si pasamos de ser una biografía a una mera biología, ya todo estaría dicho. Es la vía a la alienación del ser humano. El cientifismo asume en general que ciencia equivale a verdad y bondad. Y en nombre de la ciencia asistimos a auténticas aberraciones. No es lejano el tiempo de las lobotomías generalizadas (premiadas con el Nobel en 1949).

Como explica el doctor en Medicina y jefe de la sección de Bioquímica del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña, Javier Peteiro, en su libro El autoritarismo científico (Miguel Gómez Editores, 2010):

«La ciencia se ha convertido en el oráculo moderno, casi en una nueva religión. La cantidad de tests prenatales disponibles aumenta progresivamente induciendo a una selección negativa, es decir, a abortos; no es descartable en absoluto a corto o medio plazo una selección positiva de los mejor dotados genéticamente. La tentación eugenésica es evidente y recuerda claramente las aspiraciones de mejora racial nazi».

La religión relaciona la humanidad a elementos sobrenaturales, trascendentales o espirituales no demostrables. La ciencia mal entendida acepta por demostrado lo que no lo está. Sirve de propaganda social y de marketing para quienes controlan el mercado de la salud y necesitan conferirle a su discurso “garantías científicas” para hacerlo más creíble. Consiguen así hacer más vendibles sus productos, los aparatos y tratamientos médicos que piden para comulgar sus feligreses.



Como explica el autor mencionado, uno de los pocos que ha tratado con tanta claridad el cientifismo:
«Ocurre de modo aparentemente paradójico que el cientificismo es nocivo para la propia ciencia porque trata de hacerla más ‘científica’. Parece un juego de palabras pero no lo es.

Los investigadores profesionales viven de eso, de su trabajo científico. Ahora bien, no todo el mundo puede investigar lo que quiere; hay proyectos financiables y hay finalidades políticas y económicas que influyen en esa financiación.

Y todo eso es regido en última instancia por criterios pretendidamente científicos por medibles: calidad, excelencia, impacto, eficiencia…

La canalización ‘científica’ de las ayudas a proyectos, con sus comités de expertos, cercena en no pocos casos la libertad y la creatividad que facilitan el propio avance científico. La gente acaba así metida en líneas ‘productivas’, es decir que conducirán a publicaciones en función de las cuales serán financiadas, cerrando el círculo. El cientificismo asfixia a la Ciencia».

Como ves Ella, vivimos en una época que hace necesario más que nunca el debate, especialmente en el contexto del ataque que se está haciendo a la educación y especialmente a la humanística. En la creencia de que la ciencia es el único saber, estamos asistiendo a un desprecio de lo humanístico y a una pérdida de la universalidad que caracterizó alguna vez a las universidades.

Los efectos de esa ignorancia de un saber fundamental como la Historia, la Literatura o la Filosofía serán sin duda negativos. Lo triste es que se adoptan políticas educativas deshumanizadoras a sabiendas, en la creencia de que lo rentable en realidad es formar a técnicos flexibles, mano de obra cualificada para el mercado laboral y no a personas críticas.

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¿Quién es Miguel Jara, autor de este artículo?
 

El escritor y periodista Miguel Jara y el abogado especialista en Derecho sanitario Francisco Almodóvar, son los fundadores del Bufete Almodóvar & Jara, especializado en daños provocados por medicamentos e intervenciones sanitarias, industria farmacéutica, salud ambiental, asistencia a empresas del sector sanitario, etc. Aquí podéis ver nuestra completa página web.

Lo que lo diferencia de otros despachos de abogados, además de la superespecialización, es que ofrece en un solo bufete Consultoría y Asistencia Jurídica y Comunicación, Prensa y Relaciones Públicas.

La estrategia jurídica y la de Comunicación con la opinión pública van unidas. Ello ofrece valor añadido a nuestros defendidos y a la sociedad.

Bufete Almodóvar & Jara además posee un área específica de reacciones adversas provocadas por los fármacos y productos sanitarios denominada Bufete RAM-Reacciones Adversas a los Medicamentos. Y no sólo representa «personas físicas», también a empresas relacionadas con el ámbito sanitario, alimenticio, de productos naturales, etc. Vea la presentación de nuestros servicios.
 

Los valores que nos caracterizan: honestidad, transparencia, búsqueda de la verdad, profesionalidad, calidad.
Nuestro despacho central está en Madrid: c/ Goya 83, 7º D. 28021 Coordinador de letrados Francisco Almodóvar Navalón. Abogado. Colegiado Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (nº Colegiado nº 75236).

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NOTA DEL AUTOR DEL BLOG: 
Merece la pena visitar el blog de miguel Jara. Tiene una gran cantidad de artículos sobre los abusos farmaceúticos y otros muchos aspectos relacionados con la salud. 


lunes, 3 de junio de 2019

La farsa de la Unión Europea


por Thierry Meyssan
Si los europeos están ciegos es porque no quieren ver. Se aferran a la creencia de que ‎la Unión Europea significa paz y prosperidad, a pesar de los indiscutibles fracasos de ‎ese ente en ambos aspectos. Creen que existe una oposición interna entre “patriotas” y ‎‎“populistas”, cuando en realidad ambos grupos invocan la protección del Pentágono ‎contra Rusia. Y la estrategia de post-Segunda Guerra Mundial sigue adelante ‎precisamente en detrimento de los europeos… sin que estos tengan conciencia ‎de ello.‎
Red Voltaire | Damasco (Siria) | 25 de mayo de 2019 




Después de su victoria común en la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y el Reino Unido ‎adoptaron la imagen de su aliado soviético que les proponía el embajador estadounidense ‎en Moscú, George Kenan. Para Washington y Londres, la URSS era un imperio totalitario que ‎trataba de conquistar el mundo. Así que, en un giro de 180 grados, concibieron la política de ‎‎«contención» (containment) frente a la Unión Soviética, afirmando que el mundo estaba ‎dividido en tres partes: el «mundo libre», el mundo ya dominado por los soviéticos y el mundo ‎por descolonizar, al cual había que proteger del ogro soviético. ‎

Inicialmente, aquel análisis pudo parecer correcto en la medida en que Stalin seguía deportando ‎pueblos enteros. Pero, después de su muerte, ya se hizo evidente que aquello era falso. El Che ‎Guevara, entonces ministro de Economía de Cuba, escribió un libro contra el modelo soviético y ‎trató de continuar la revolución en África, sin pedir permiso a la URSS, pero contando con su ‎apoyo. ‎
En todo caso, Estados Unidos y el Reino Unido decidieron proteger Europa occidental del yugo ‎soviético mediante la creación de los «Estados Unidos de Europa». Aunque eso recuerda ‎el proyecto de los europeos de principios del siglo XX, que quisieron unirse en vez de guerrear ‎entre sí, en realidad se trata de algo muy diferente, algo que debemos comparar más bien con ‎la Liga Árabe‎ y con la Organización de Estados Americanos (OEA), instauradas ambas en el mismo ‎momento. ‎

Fueron pocas las personalidades de Europa occidental que se opusieron al proyecto para Europa. ‎ Sin embargo, teniendo en cuenta las enseñanzas de la repartición del mundo que se había ‎pactado en Yalta, los gaullistas y los comunistas franceses mantuvieron la alianza que habían ‎establecido durante la Segunda Guerra Mundial y velaron por impedir la creación de una ‎estructura supranacional, de manera que cada nación siguiese siendo más o menos soberana, ‎a pesar de hallarse bajo las banderas de Estados Unidos y del Reino Unido. Fue con ese objetivo ‎que los gaullistas y los comunistas franceses se opusieron juntos al Mando Integrado de ‎la OTAN y a la manera como los anglosajones reformulaban la «construcción europea». ‎Los gaullistas y los comunistas franceses estimaban que Europa era todo el continente, ‎‎ «desde Brest hasta Vladivostok». En efecto, al implementar su particular sistema jurídico, ‎los ingleses se habían alejado de la cultura europea mientras que los rusos la extendieron con ‎la conquista de Siberia. ‎

Todos esos debates deberían haber terminado con la disolución de la URSS, en 1991. Pero no fue ‎así. Más bien sucedió lo contrario. Por boca de su secretario de Estado, James Baker, ‎Estados Unidos anunció que todos los Estados europeos liberados del yugo soviético ‎se integrarían a la Unión Europea y a la OTAN… afirmación que todo el mundo aceptó. ‎Simultáneamente, el propio James Baker hizo redactar el Tratado de Maastricht, documento que ‎transformaba el Viejo Continente en una especie de «Estados Unidos de Europa» bajo la tutela ‎de la OTAN. La moneda única de ese bloque supranacional, el euro, tenía que imprimirse ‎siguiendo el modelo del dólar, lo cual sucedió tan rápidamente que no podía ser cierto.  

Desconfiando de Rusia –como siempre–, Washington y Londres impidieron que se le permitiese ‎convertirse en miembro de la Unión Europea pero la asociaron en cierta medida al abrirle la ‎puerta del G7, que se convirtió así en G8, a partir de entonces con poderes de decisión. ‎

Esa etapa de incertidumbre terminó en 1999, con la caída de Boris Yeltsin y la llegada al poder de ‎Vladimir Putin en Moscú. Las instituciones bajo control de Washington adoptaron una actitud ‎más dura, se reactivó la estrategia de containment –que había fracasado durante la guerra fría– ‎y el oso ruso sustituyó al oso soviético en la imaginación de los anglosajones. Hoy, con diversos ‎pretextos o incluso sin pretexto alguno, Washington ha instaurado contra Moscú todo tipo de ‎sanciones económicas, políticas y militares y Rusia ha sido expulsada del G8. ‎

Manfred Weber (a la izquierda en la foto) será electo democráticamente ‎para presidir la Comisión Europea como sucesor de Jean-Claude Juncker (a la derecha). Juncker ‎llegó a la presidencia de la Unión Europea después de haberse visto obligado a dimitir como ‎primer ministro de Luxemburgo, cuando la justicia de su país descubrió que había estado ‎implicado en los ejércitos secretos de la OTAN, como responsable del Gladio.


Para entender el sentido de las elecciones de renovación del Parlamento Europeo, del 23 al 26 de ‎mayo, que designará al nuevo presidente de la Comisión Europea, hay que situarse en el contexto ‎histórico y estratégico. Estados Unidos ha decidido poner la presidencia de la Comisión Europea ‎en manos del alemán Manfred Weber, quien tendrá como misión sabotear el aprovisionamiento ‎de la Unión Europea con hidrocarburos rusos. La primera batalla de Manfred Weber será ‎poner fin a la construcción del gasoducto Nord Stream 2, a pesar de los miles de millones de ‎euros ya invertidos en ese proyecto y de los miles de millones que permitirá ahorrar cuando esté ‎terminado. ‎

Para que el Parlamento Europeo elija democráticamente a Manfred Weber no es necesario que ‎ese personaje cuente con el respaldo de la mayoría de los eurodiputados. Basta con que su grupo ‎parlamentario, el Partido Popular Europeo (PPE), obtenga la mayor cantidad de votos. Así que ‎Washington ha preparado una asamblea donde el PPE estará en primer lugar y el grupo Europa de ‎las Naciones y las Libertades (ENL) quedará en segundo lugar. ‎

Steve Banon, ex consejero del presidente estadounidense Donald Trump, ha sido enviado a ‎Europa para servir de consejero al italiano Matteo Salvini y crear una camada de partidos ‎identitarios –pero no independentistas–, aunque poniendo especial cuidado en evitar que el ENL ‎llegue a obtener la mayoría.

- En aras de lograr ese resultado –a pesar de los esfuerzos de Salvini– fue necesario convencer al ‎partido polaco Derecho y Justicia para que se mantuviera en el grupo de los Conservadores y ‎Reformistas Europeos (CRE), prometiéndole un aumento «significativo» del número de tropas ‎estadounidenses desplegadas en Polonia.

- El 13 de mayo, Donald Trump recibió en la Casa Blanca al primer ministro húngaro Viktor Orban ‎y lo exhortó a mantener su partido en el PPE… a cambio de armamento y de gas natural.

- Además, se “filtró” un video que muestra a Heinz-Christian Strache, jefe del Partido de la ‎Libertad de Austria (FPO) y miembro de la coalición gubernamental austriaca, en pleno acto de ‎corrupción. El video en cuestión es antiguo y su rodaje fue orquestado por una mujer que ha sido presentada como una agente rusa, aunque es mucho más probable que sea agente de la CIA. ‎

A pesar de todo lo que la prensa repite constantemente, no existe oposición de fondo entre el ‎Partido Popular Europeo (PPE) y el grupo Europa de las Naciones y las Libertades (ENL). Ambos ‎grupos se entienden entre sí y lo hacen bajo la batuta de la OTAN, que impone las decisiones ‎políticas fundamentales. Sólo existe una repartición de papeles.‎

La propaganda oficial sobre las elecciones europeas repite sin descanso que «Europa es paz y ‎prosperidad», un slogan incompatible con la misión antirrusa de la Unión Europea.

- Hablemos de paz. La Unión Europea ha sido incapaz de liberar Chipre, isla europea –miembro de ‎la UE desde 2004– ocupada por Turquía desde 1974. El ejército turco ocupa una tercera parte ‎del territorio chipriota, donde ha instaurado una autoridad que colabora con la ocupación turca ‎bajo la denominación de «República Turca del Norte de Chipre». Los chipriotas que viven en la ‎parte de la isla ocupada por Turquía no han podido inscribirse en las listas electorales y ‎no podrán participar en la elección europea [
1]. Pero a la Unión Europea no sólo no le interesa el ‎destino de esos chipriotas sino que además desembolsa miles de millones de euros en ‎subvenciones destinadas a Turquía. Claro, Turquía es miembro de la OTAN.

- Hablemos ahora de prosperidad. Sin entrar a argumentar sobre la cuestión del gasoducto ‎Nord Stream 2, la Unión Europea ha aplicado la estrategia antirrusa de Estados Unidos con ‎tanta eficacia que los países miembros de la UE se han estancado mientras que el resto del ‎mundo se desarrolla. Durante la década posterior a la crisis financiera de 2008, el crecimiento de ‎China fue de +139%, el de la India fue de +96% y Estados Unidos creció en un 34%, mientras que ‎el crecimiento de la Unión Europea retrocedió (-2%). ‎

La campaña electoral europea se desarrolla a la escala de los países miembros ya que el ‎sentimiento de ser europeo sigue siendo inexistente. Así que no hay partidos políticos a escala ‎europea sino uniones creadas entre los partidos políticos de los diferentes países. Tampoco hay ‎una jornada electoral única sino elecciones organizadas durante 4 días en los distintos países, ‎según las tradiciones nacionales de cada uno de ellos. ‎

Si la abstención en las elecciones europeas siempre ha sido tan alta es porque los electores intuyen que todo ese asunto no está nada claro. Más de la mitad de los electores tienen ‎la intención de boicotear la votación –incluso a pesar de que el voto es obligatorio en algunos ‎países.

Por consiguiente, aun en caso de que los procedimientos para la votación fuesen ‎perfectamente democráticos, el resultado no representará la voluntad del cuerpo electoral en su ‎conjunto. No será un resultado democrático. Manfred Weber será electo por una minoría de un ‎parlamento, electo a su vez por una minoría de los electores. ‎


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